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viernes, 19 de abril de 2013

Ding Dong (II)

Mientras miles de británicos despedían el pasado miércoles a la ex primera ministra Margaret Thatcher, el tema "Ding Dong! The Witch Is Dead" ocupaba los primeros puestos de las listas de ventas. 
La exitosa campaña, promovida a través de internet por detractores de la dama de hierro, provocó la reacción inmediata de los conservadores, llegando incluso a presionar a la propia BBC para que censurara la radiación de una canción involuntariamente anti-establishment que engrosaba la lista de himnos contestatarios como la explícita "Margaret On The Guillotine" de Morrissey
Una vez aclarada la banda sonora, urge ilustrar el que sin duda es ya uno de los acontecimientos políticos del año recuperando el trabajo del fotógrafo documentalista Chris Killip. Influenciado por maestros contemporáneos como Paul Strand, Walker Evans o Robert Frank, Killip empatizó a través de su objetivo con una working class desamparada a la que probablemente le faltaron motivos para llorar la muerte de la que fuera su particular bruja del número 10 de Downing Street.




miércoles, 17 de abril de 2013

Ding Dong (I)

"How should we honour her? Let's privatise her funeral. Put it out to competitive tender and accept the cheapest bid. It's what she would have wanted" - Ken Loach


domingo, 27 de mayo de 2012

[No] Future (II)

El periodista y escritor francés Pierre Mikaïloff fue el encargado de comisionar una fantástica exposición fotográfica consagrada al punk coincidiendo con la publicación de su último libro Kick Out The Jams, Motherfuckers! Punk rock 1969-1978. Un imprescindible documento que analiza los 35 años del nacimiento del punk que también dio pie a la organización de un debate en el parisino Point Éphémère, en el que se discutió acerca de la transversalidad del movimiento en relación a otras disciplinas como el arte, la moda, o la literatura. 
De Vivienne Westwood y Malcom McLaren al terrorismo gráfico del colectivo Bazooka, la conversación podría resumirse en la importancia que tuvo el simple hecho de "estar allí con una guitarra, una cámara de fotos, o una cámara de Super 8 en ese momento concreto de la contracultura en el que por fin ocurría algo: la necesidad de tomar la palabra por encima de la técnica o el savoir-faire"
Y es que, superado el efecto Woodstock, los hijos de los que fueran precursores del movimiento hippy -influenciado por el mayo del 68' y la oposición a la guerra de Vietnam-, no tardaron en cambiar radicalmente el idealismo del flower-power por la desilusión contenida en aquel No Future, el nuevo grito de una generación que, una vez más, renegaba de su predecesora. Sin embargo, al igual que con La Movida en España tras la muerte de Franco, la frescura de esta ruptura con los valores sesenteros promulgados anteriormente se fue diluyendo a medida en que ésta se iba haciendo cada vez más comercial, pasando de una situación en la que apenas existían salas de conciertos en las que poder tocar, a grupos que acababan lanzando un disco por año respaldados por las grandes discográficas. 
No obstante, tanto el punk como sus diversas evoluciones a lo largo de los años, ha estado tradicionalmente ligado a la clase obrera, especialmente en Inglaterra. En este sentido, LE BAL exhibe las instantáneas del fotógrafo documentalista Chris Killip en la exposición What Happened / Great Britain 1970-1990
Reconocido internacionalmente gracias a obras como In Flagrate, Killip centró gran parte de su trabajo en las repercusiones culturales, sociales e identitarias que supuso la desindustrialización del norte de Inglaterra. Una dramática situación agravada por la era Thatcher que sin duda volvió a encontrar en la música su mejor válvula de escape.





lunes, 16 de enero de 2012

Fraga

La reciente muerte de Manuel Fraga constituye también la muerte de un controvertido personaje que ha sabido amoldarse al poder en circunstancias tan diversas de nuestra historia reciente como la dictadura, la Transición, o la actual democracia.
Dado que sesenta años de trayectoria política es tiempo más que suficiente para no dejar indiferente a nadie -y Fraga nunca lo pretendió-, la pérdida del Gran Timonel, se divide irremediablemente entre quienes lloran la desaparición del hombre que logró aglutinar entorno a unas siglas al grueso de la derecha española -además de ser uno de los padres de la Constitución-, y aquellos que aún recuerdan el activo papel que desempeñó sin cargo de conciencia alguno durante los últimos años de la dictadura.
Apenas dos años después de la muerte de Franco, Fraga concurrió a las elecciones de 1977 con un nuevo partido a quien se le atribuye su fundación: Alianza Popular (AP). Eran los tiempos de los cierres de mitin donde el ¡Que viva España! de Manolo Escobar se alternaba con el beso de rigor a la rojigualda aguilada, esperando que el llamado franquismo sociológico hiciera el resto. Sin embargo, hubo que esperar a la descomposición de la UCD -que junto al PSOE suponía el bipartidismo de la época-, para que tanto Fraga como su partido pudiera beneficiarse de un parcial trasvase de votos, lo que no impidió su decisión de dimitir como presidente de su partido ante los malos resultados de las elecciones de 1986, siendo relevado por Antonio Hernández Mancha.
Tras un paréntesis en el que ejerció como diputado en el Parlamento Europeo, Fraga presidió a su vuelta el refundado Partido Popular, del que también dimitiría en favor de un desconocido Jose María Aznar -pese a su preferencia por convertir a Isabel Tocino en la Margaret Thatcher patria-. Tan solo un año después y hasta 2005, Fraga se retiró a Galicia, de la que hizo su particular feudo, gobernando la Xunta durante cuatro legislaturas consecutivas ensombrecidas, entre otras cosas, por la penosa gestión de la crisis del Prestige.





domingo, 27 de marzo de 2011

About (II)

Quentin Bajac ha logrado en su fantástico libro-entrevista "Martin Parr por Martin Parr" que el excepcional fotógrafo británico accediera por primera vez a poner palabras a cuatro décadas de disparos ininterrumpidos.
Superada la polémica que suscitó su ingreso en la elitista agencia Magnum en 1994 -cuyo principal fundador, Henri Cartier Bresson, llegó a escribirle refiriéndose a él como "alguien que venía de otro planeta" tras asistir a una de sus exposiciones-, Martin Parr continuó desechando la fotografía en blanco y negro marca de la casa reivindicando tanto su estilo como el legítimo empleo del cromatismo abanderado por el colorista americano Joel Meyerowitz, a quien profesaba una gran admiración. Con una estética aparentemente próxima a la publicidad y la fotografía de moda -en la que también hizo sus primeros pinitos gracias a los encargos de la revista italiana "Amica"-, lo cierto es que Parr supo más bien jugar con las reglas propias del sistema devolviéndole en contrapartida sus subversivas imágenes, cargadas de dudosa inocencia y sutil ironía.
Sin ocultar su manifiesto interés por el consumismo y el lifestyle de la clase media en su Inglaterra natal -a la que consideraba fotográficamente virgen respecto a la documentación relativa a la clase obrera-, la obra de Parr constituyó paralelamente el azote visual que evidenciaba las desiguales consecuencias de las transformaciones políticas y sociales de la era Thatcher hasta que la dama de hierro agotó su último mandato -tal y como reflejó en su momento la publicación de "Signs of the Times", encargada de dar por concluido el esperado final de un ciclo que David Cameron parece dispuesto a repetir-. Además de su obsesión por el coleccionismo kitsch -que abarca desde relojes estampados con la imagen de Saddam Hussein hasta postales de John Hinde-, y su reciente inmersión en el excéntrico mundo del lujo dominado por los petrodólares, otro de los ejes capitales de su obra gira en torno a las paradojas del turismo globalizado como el caso del "American Dream Park" de Shanghai: un particular Disneyland 'made in China' donde sus propietarios acogen con los brazos abiertos al mundo occidental relegando definitivamente el Libro Rojo a calzar aquella pata de la mesilla que cojeaba desde hace tiempo. Pura bricomanía postmoderna.