Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Fraga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Fraga. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carrillo

"Españoles... el siglo XX ha muerto". Así rezaba la portada de El Mundo esta mañana. Y es que la muerte en la tarde de ayer de Santiago Carrillo unida a la de Manuel Fraga y Gregorio Peces Barba, engrosa ese déficit intangible del que adolece nuestro país conocido como los valores de la Transición a los que tanto se apela y tan poco se practican. 
De ahí la importancia de figuras como la de Carrillo, cuya implicación con la clase obrera se fue gestando ya desde su infancia: "La primera vez que tuve conciencia fue con seis años, cuando mi padre me llevó a una manifestación y vi cómo la Guardia Civil le detenía. Entonces supe que estaba en la parte de los que tienen que luchar contra el sistema". Una  lucha que encabezaría desde su afiliación al Partido Comunista Español (PCE) en 1936 del que acabó siendo secretario general hasta su dimisión en 1982 a la vista de la abrumadora derrota en las elecciones generales que otorgarían al PSOE liderado por Felipe González su primera gran mayoría absoluta. 
No obstante, la inclusión del PCE en el amplio espectro democrático post-franquista no resultó nada fácil. En este sentido, no sólo hubo que esperar casi cuatro décadas -amén de la muerte del dictador- para que Carrillo regresara en 1976 del exilio, sino también a las negociaciones con Adolfo Suárez sobre la legalización del partido, agilizada el 9 de abril de 1977 tras el atentado ultraderechista contra los abogados laboralistas de Atocha -conocido como el Sábado Santo Rojo al haber sido perpetrado el sábado de Semana Santa-. 
A pesar de que las dudas sobre su participación en la matanza de Paracuellos contribuirán a ensombrecer su legado, Santiago Carrillo siempre luchó por la conciliación nacional, asumiendo la condición de España como una monarquía parlamentaria y defendiendo el valor de la Constitución como única garante de convivencia entre todos los españoles. 
De hecho, basta con recordar su reacción el 23-F como prueba de su entereza y convicción. Aquel día tan sólo Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado permanecieron junto a él en su escaño desobedeciendo las órdenes de los golpistas. Treinta y un años después, Santiago Carrillo se conformó con que su muerte contraprogramara por un momento la dimisión de Esperanza Aguirre.




lunes, 16 de enero de 2012

Fraga

La reciente muerte de Manuel Fraga constituye también la muerte de un controvertido personaje que ha sabido amoldarse al poder en circunstancias tan diversas de nuestra historia reciente como la dictadura, la Transición, o la actual democracia.
Dado que sesenta años de trayectoria política es tiempo más que suficiente para no dejar indiferente a nadie -y Fraga nunca lo pretendió-, la pérdida del Gran Timonel, se divide irremediablemente entre quienes lloran la desaparición del hombre que logró aglutinar entorno a unas siglas al grueso de la derecha española -además de ser uno de los padres de la Constitución-, y aquellos que aún recuerdan el activo papel que desempeñó sin cargo de conciencia alguno durante los últimos años de la dictadura.
Apenas dos años después de la muerte de Franco, Fraga concurrió a las elecciones de 1977 con un nuevo partido a quien se le atribuye su fundación: Alianza Popular (AP). Eran los tiempos de los cierres de mitin donde el ¡Que viva España! de Manolo Escobar se alternaba con el beso de rigor a la rojigualda aguilada, esperando que el llamado franquismo sociológico hiciera el resto. Sin embargo, hubo que esperar a la descomposición de la UCD -que junto al PSOE suponía el bipartidismo de la época-, para que tanto Fraga como su partido pudiera beneficiarse de un parcial trasvase de votos, lo que no impidió su decisión de dimitir como presidente de su partido ante los malos resultados de las elecciones de 1986, siendo relevado por Antonio Hernández Mancha.
Tras un paréntesis en el que ejerció como diputado en el Parlamento Europeo, Fraga presidió a su vuelta el refundado Partido Popular, del que también dimitiría en favor de un desconocido Jose María Aznar -pese a su preferencia por convertir a Isabel Tocino en la Margaret Thatcher patria-. Tan solo un año después y hasta 2005, Fraga se retiró a Galicia, de la que hizo su particular feudo, gobernando la Xunta durante cuatro legislaturas consecutivas ensombrecidas, entre otras cosas, por la penosa gestión de la crisis del Prestige.