Mostrando entradas con la etiqueta moteros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta moteros. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de enero de 2013

Gang (II)

1. Xandre Rodríguez: ¿De dónde viene tu interés por las bandas? Yan Morvan: Yo mismo era un marginal. Las primeras "bandas" que fotografié eran marginales, tal vez mejor integradas de lo que yo lo estaba en aquel momento. Me interesaban, de alguna manera las envidiaba porque formaban una familia, una tribu. 
2. XR: Llevas inmortalizando bandas desde hace cuarenta años, ¿cómo han ido evolucionando? YM: En los setenta, el éxito consistía en poseer un coche americano, una Harley-Davidson, o salir con una rubia, natural o teñida. Hoy, para existir, hace falta tener liderazgo, pasta, coche, chica, aparentar lo máximo posible. El éxito consiste en poseer diez restaurantes, cinco tiendas de ropa y tres discotecas, todo ello ganado a base de ejercer "actividades ilegales". 
3. XR: ¿Cómo te las apañaste para integrar bandas tan diferentes? YM: No tengo ni idea. Por casualidad tal vez... 
4. XR: ¿Con cuál fue más complicado? ¿Por qué? YM: Pasé uno de los peores momentos de mi vida entre 1994 y 1995, en la época de la llamada fractura social. Durante meses me moví entre los squats parisinos con una pandilla de golfos -entre los que se encontraba el famoso Guy George, el asesino en serie del este de París- trabajando para la revista Paris-Match. Éstos me cogieron como rehén -paliza en toda regla y amenazas a la familia- para obtener de mi un reportaje ridículo sobre las "armas en la periferia". Un "milagro" me salvó de aquella trampa en la que había caído. No more comment. 
5. XR: ¿Comparten códigos comunes o, por el contrario, no tienen nada que ver entre ellas? YM: Es la ley de la jungla. La cadena alimentaria, el combate de dinosaurios. Que gane el mejor. ¡El único código que comparten es que gane el más fuerte! 
6. XR: ¿Encuentras muchas diferencias entre la cobertura de conflictos armados en el Líbano o Irlanda del Norte y los de la periferia de ciudades como París? YM: En periodos de guerra, si eres un foto-reportero, eres considerado como "enviado especial" con un estatus comparable al de un cooperante, o incluso diplomático, lo que no quiere decir que estés exento de todo riesgo -la actualidad muestra más bien lo contrario-. Se nos considera como un "testigo objetivo". Es bastante noble... "Andar" con una banda presupone una cierta complicidad a la vista de las autoridades. Es hacer proselitismo. Para la policía "no se habla de ellas, por tanto no existen", es la consigna. Tomar en consideración a las bandas es afirmar su existencia y volverse "el aguafiestas de turno". Esta observación es también válida para ciertos medios. 
7. XR: Tu último libro "Gangs Story" cuenta con el testimonio del ex miembro de la "Mafia Z" Kizo, ¿Cómo fue vuestro encuentro? YM: Kizo contactó conmigo en 2009, me pidió la autorización para utilizar algunas de mis antiguas fotografías para el documental "Gang Story" que pensaba realizar. Evidentemente se la di. Después trató de reencontrarse conmigo, algo que no me apetecía. Kizo es un tipo persistente, insistió y terminamos viéndonos. Las cosas tardaron en cuajar, pero al final nos pusimos de acuerdo. Nuestras "desconfianzas" mutuas acabaron esfumándose, y el verdadero trabajo comenzó hacia finales de 2011. El resultado, ya lo conocéis.






lunes, 12 de diciembre de 2011

Anger (II)

El MOCA de Los Ángeles ha reunido en una fantástica exposición el críptico mundo interior de uno de los cineastas más innovadores e influyentes del panorama estadounidense: Kenneth Anger.
Desde su debut a los 17 años con Fireworks, Anger marcó el punto de partida de un misterioso aquelarre del que todo espectador acaba siendo partícipe, inducido a comulgar con unos códigos visuales inéditos hasta el momento. Considerado un discípulo del famoso ocultista británico Aleister Crowley, la fascinación de Anger por el esoterismo y las sociedades secretas, dotó a su filmografía de una potente carga simbólica presente tanto en las célebres obras de sus inicios -Inauguration of the Pleasure Dome, Invocation of my Demon Brother, o Lucifer Rising- como en una de sus colaboraciones más recientes con la firma italiana Missoni.
No obstante, el cortometraje que sin duda concentra todo el universo Anger, es Scorpio Rising. En apenas treinta minutos, el cineasta californiano nacido en pleno Beverly Hills, recoge su particular celebración de la mítica Walpurgisnacht protagonizada por las sugerentes imágenes de una pandilla de moteros procedente de Brooklyn. Al igual que en la mayoría de sus películas, la música sustituye cualquier posibilidad de diálogo, convirtiéndola en su elemento más transgresor hasta el punto de que Martin Scorsese admitió haber empezado a utilizar canciones pop como banda sonora a raíz de Kenneth Anger.
Así, si en Kustom Kar Komandos el "Dream Lover" de Bobby Darin acompañaba a su protagonista en la meticulosa customización de su Ford Hot Rod, en Scorpio Rising serán temas como "He's a rebel" de The Crystals, "(You're the) Devil in Disguise" de Elvis Presley, o "Blue Velvet" de Bobby Vinton -adelantándose a David Lynch- los que completarán la narración a modo de voz en off.
El deliberado contraste entre la apropiación de esta música popular -arrebatada directamente del mainstream-, y la imagen sobre la que finalmente se yuxtapone, crea un ambiente de romantizada violencia y una erotización fetichista entorno a las motos en lo que Matthew Tinkcom describe como un "elemento narcisista de identificación" en tanto al símbolo de masculinidad que éstas representan.
La imagen de Marlon Brando en "The Wild One" o de James Dean en "Rebelde sin causa" se suman a la iconografía pop del filme, donde el cuero y el polémico uso de parafernalia nazi se contrarresta con la intermitente aparición de Nelson Leigh interpretando al mismísimo Jesucristo en "The last journey to Jerusalem".
Por otra parte, Kenneth Anger también sigue siendo a día de hoy ampliamente reconocido por su faceta de escritor. Nieto de una de las guardarropas que trabajaba en Hollywood, Anger buceó por la llamada edad de oro de los famosos estudios cinematográficos dejando constancia en el libro Hollywood Babylon de sus mayores escándalos.