Hasta ahora, David Lynch nos tenía acostumbrados a transitar por esa delgada línea que divide la razón de lo soñado. Un viaje sensorial guiado por la camaleónica creatividad de este artista, músico y director cinematográfico a quien el mundo que conocemos se le quedó pequeño hace mucho tiempo.
Por suerte, sus seguidores hemos podido hacernos eco con el tiempo de gran parte de su genialidad a través de la gran pantalla. No conforme con dejarla habitar ahí, Lynch ha decidido acercárnosla un poco más en un inusual intento de comunión total con su público.
Se trata del
Club Silencio, el mítico local
lynchiano que hace un año abandonó las calles de
Mulholland Drive para encontrar acomodo en el 142 de la
rue Montmartre de París.
Con una arquitectura, mobiliario e interiorismo diseñado por el director de Twin Peaks, el Silencio ofrece a sus miembros y acompañantes un cine, una pista de baile, y una librería concebidos como una extensión del propio Lynch, que como él mismo afirma, "no tiene ventanas, así que una vez dentro podrías estar en cualquier sitio o en ninguna parte". O lo que es lo mismo, en una de esas realidades paralelas que sólo David Lynch sabe crear.