Yan Morvan es uno de los grandes fotoperiodistas de nuestra era que no sólo ha cubierto más de treinta conflictos armados, sino que también ha documentado las principales bandas urbanas de los últimos cuarenta años. Sin embargo, por encima de todo, Yan es una de esas personas por las que merece la pena escribir, ya que todo conocimiento y reconocimiento hacia su trabajo parece siempre insuficiente.
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sábado, 12 de enero de 2013
jueves, 23 de febrero de 2012
Target
Si hace un par de semanas Samuel Aranda llevaba a las primeras páginas de los periódicos el horror de la guerra congelado en la instantánea vencedora del prestigioso World Press Photo, esta mañana ese mismo horror venía trágicamente acompañado de nombres y apellidos.
Así, mientras Francia llora la pérdida de Rémi Ochlik -la joven promesa francesa del fotoperiodismo que, con tan sólo 28 años, ya había visto sus fotografías publicadas en el Wall Street Journal o Paris Match-, el Reino Unido hace lo propio con la corresponsal que marcó una generación: Marie Colvin. Apodada 'la pirata' por sus compañeros desde que en 2001 perdió su ojo izquierdo mientras cubría la guerra civil en Sri Lanka, Marie Colvin sumó a sus espaldas una docena de guerras que siempre cubrió en primera línea de fuego desde sus inicios como corresponsal en Oriente Medio para el diario británico The Sunday Times.
Su firme voluntad por denunciar in situ la hemorragia que sufren los países árabes, la convirtió en un omnipresente testigo cuya voz clamó especialmente por los civiles masacrados diariamente sin piedad. Probablemente sea lo que, el periódico que en estos momentos debería estar recibiendo sus crónicas, llamaba esta mañana "el precio de la verdad".


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sábado, 27 de marzo de 2010
Maquillaje
Observando la surrealista evolución del caso Gürtel durante estos meses, unida al descubrimiento de la última customización en la vocación de servicio público de Jaume Matas, me planteo por un instante ir al cine a ver "El escritor", consciente de que sin salir de casa cuento con el espectáculo dosificado por fascículos a través de la pequeña pantalla.
Recordando el arresto domiciliario en Suiza del director franco-polaco, acudo al fin constatando una vez más la perturbadora facilidad con la que la política cae rendida ante los pies del thriller de entre todos los géneros cinematográficos a la hora de relatar los entresijos de la llamada res publica.
Tal vez por ello Polanski traslada a su nueva creación esa sordidez -ya experimentada antes en otros títulos como Todos los hombres del presidente de Alan J. Pakula- al encargar la reescritura de las memorias de un ex primer ministro en entredicho que, vista la anestesiada perplejidad del ciudadano-votante en la vida real, parece corroborar la creencia de que en una guerra, la primera víctima es siempre la verdad cuyo cadáver conviene maquillar antes de mostrarlo por segunda vez ante la opinión pública.



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