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miércoles, 24 de octubre de 2012

Race

Tras un desconcertante debut el pasado tres de octubre, Barack Obama abordó este lunes el tercer y último cara a cara de la campaña haciendo gala de la misma confianza y determinación con que salió victorioso del segundo. 
Precedido por un intenso y vibrante debate entre los candidatos a la vicepresidencia -que en otras circunstancias hubiera pasado totalmente desapercibido-, Joe Biden se encargó de allanar el terreno que pocos días después Obama haría suyo. En este sentido, su segundo encuentro logró poner contra las cuerdas a un Romney cada vez más favorecido por las encuestas, aprovechando todas las posibilidades ofrecidas por un formato similar al célebre Tengo una pregunta para usted, en el que son los propios ciudadanos quienes plantean directamente sus inquietudes a los candidatos. 
A pesar de que hubo que esperar casi hasta el final, Obama prosiguió su ofensiva y, sonrisa mediante, dejó constancia -al fin- del porcentaje que más daño podía hacer a su rival, aludiendo al polémico video en el que Romney daba por hecho ante una sala repleta de donantes que el 47% del electorado que no paga impuestos se decantaría por Obama porque, según el republicano, "creen que son víctimas, que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidar de ellos". "Mi trabajo no es preocuparme por esas personas", sentenció. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, Obama se jugaba su última carta en prime time en el debate final dedicado a política exterior. 
Un bloque en el que el presidente se sabía de antemano ganador frente a un Romney que trataba de desviar la atención sin éxito hacia otros asuntos internos como la economía. Una actitud comprensible si tenemos en cuenta que Obama heredó de George W. Bush -el gran ausente de la campaña- dos costosísimas guerras en todos los sentidos y que es Obama quien presumiblemente puede atribuirse con exclusividad el asesinato del enemigo público número uno de EE.UU., Osama Bin Laden. Un golpe de efecto a la espera de ser rentabilizado el próximo día seis, aunque, viendo el impulso en las urnas que finalmente tuvo en nuestro país el anuncio del fin de la violencia de ETA, todo parece indicar que los votantes seguirán decantándose más por el bolsillo que por los avatares de la geopolítica mundial.




viernes, 21 de octubre de 2011

#BorrandoaETA (I)

A un mes de que previsiblemente Mariano Rajoy se convierta en el nuevo presidente del Gobierno, la banda terrorista ETA ha despejado al fin los rumores de las últimas semanas anunciando a través de un comunicado el "cese definitivo de su actividad armada". Basta con recordar el asesinato de Isaías Carrasco dos días previos a los pasados comicios electorales de 2008 para, en principio, celebrar el hecho de que en esta ocasión ETA haya optado por contribuir ofreciendo tinta en lugar de sangre.
Calificado ya por algunos medios como "histórico", al comunicado difundido ayer a las siete de la tarde le siguieron las primeras valoraciones políticas de los ex ministros del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy. Así, mientras el popular se felicitaba porque este anuncio se había logrado "sin concesiones políticas", el socialista afirmaba emocionado: "la democracia nos ha llevado hasta aquí y la democracia sabrá conducir la etapa que hoy se abre".
Sin embargo, si en los últimos años alguien merecía dar esta noticia - especialmente tras el atentado de la T4 de Barajas- es Jose Luis Rodríguez Zapatero. En el amargo epílogo de su carrera política al frente del Gobierno, el aún presidente -cuya lucha antiterrorista padeció en numerosas ocasiones el inédito rechazo del principal partido de la oposición- recordó que "la nuestra será una democracia sin terrorismo, pero no una democracia sin memoria" sin olvidar el decisivo papel de Nicolás Sarkozy, "con quien tendremos una perpetua deuda de gratitud y solidaridad".
De cumplirse de una vez por todas la noticia que desde hoy todos celebramos, queda por delante un futuro lleno de incógnitas en el que, sin duda, la izquierda abertzale deberá estar a la altura del cambio que tantas veces se le ha negado al conjunto de la sociedad vasca y, por extensión, al resto de los ciudadanos de un país que esta noche dormirá un poco más esperanzado.