Hace veinte años doce imborrables cortes concentrados en el album
"Nevermind" encarnaron la apatía de la llamada
generación X consolidando definitivamente Seattle como la indiscutible meca del
grunge. La ciudad que años después quedaría de nuevo ubicada en los mapas convertida en el epicentro de las protestas
antiglobalización previas al fin del milenio, exprimió mientras pudo aquellos días de gloria con la misma intensidad con que lo hicieron los diversos grupos que de allí surgieron. De entre todos ellos quedará por siempre un icono que se manifestó tan inadaptado en el anonimato como en la fama: Kurt Cobain. Capaz de destronar al mismísimo Michael Jackson del efímero podio otorgado por las listas de ventas, el líder de la banda que creció con la melódica influencia de los
Beatles hasta fijar la mirada en nuevos referentes como
Sonic Youth, Black Flag o
Pixies, tardaría en digerir el inminente aniversario que se avecina, festejado una vez más con la inevitable
comercialización de su legado.
Mientras tanto, la hija del malogrado cantante Frances Bean Cobain -apodada "la huérfana del grunge"-, ha optado por seguir los sabios pasos de su inestable progenitora -ese frustrado alter ego de Nancy Spungen-, mostrándose al mundo a través del objetivo del siempre impecable Hedi Slimane.
Lee la entrevista al fotógrafo y experto musical Óscar García en
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