jueves, 7 de febrero de 2013

Dalí (II)

1. Xandre Rodríguez: ¿Por qué crees que sigue atrayendo tanto la figura de Dalí? Jorge Couceiro: La figura de Dalí siempre ha cumplido dos condiciones fundamentales para el éxito: resulta admirable y siempre sorprende. El público siempre se siente atraído por la figuración bien ejecutada, y, en esto, el de Figueras es impecable. En sus pinturas, Dalí desgrana los recursos de un maestro en el sentido clásico del término, y el público quiere encontrar eso, al mago del pincel. Pero, además, sus cuadros siempre han de ser interpretados, no funcionan por la reproducción de lo real en el sentido que lo harían Velázquez o Lucian Freud, ante los que el gran público reacciona por comparación con lo visto. El lenguaje de la pintura daliniana es el lenguaje de lo simbólico, esa incógnita que en la mayoría de su obra es imposible de descifrar dos veces del mismo modo. Ante un Dalí, el espectador interpreta, descubre, y siempre se sorprende, porque la realidad del cuadro es una puerta abierta a la subjetividad de lo surreal. Sus cuadros son asombrosos por la destreza técnica a la vez que inquietantes por lo surreal de sus motivos.
2. XR: ¿Qué aportó Dalí al movimiento surrealista capitaneado por André Breton? JC: El jovencito Dalí participó y colaboró de la creación del movimiento como uno más hasta que fue expulsado del grupo por Breton -en sus propias palabras "por fascista"-. En esta primera etapa yo no destacaría su aportación de la del resto porque precisamente una de las características del grupo en ese tiempo es que formaban una piña muy unida y todos contribuían e interaccionaban a discreción en el trabajo de unos y otros. He de decir que de un modo verdaderamente singular, dada la concentración de egos tan potentes que había en este primer periodo y lo estrecha que era su convivencia. La verdadera aportación del pintor al grupo, aunque resulte paradójico, sucedió tras su expulsión, en el momento en que París perdió su importancia como referente artístico internacional, y Nueva York asumió ese papel. Para empezar es muy significativa la respuesta que Dalí ofreció a Breton cuando éste lo sometió a juicio y finalmente lo expulsó. Dice la leyenda que Dalí respondió con un rotundo y absolutista "el surrealismo soy yo". No exageró mucho. Desde mi punto de vista, Dalí personificó el surrealismo políticamente asimilable, en cierto modo era el embajador que los capitalistas sí querían recibir. Su pose de constante delirio facilitaba además una versión blanda del movimiento surrealista que sí podía ser exhibida sin temor a que el comunismo activo de otros como el propio Breton se diseminase -me refiero por supuesto al periodo americano del surrealismo, y sobre todo a la etapa de posguerra, en que América comenzó sus persecuciones a los comunistas dentro del gremio de los artistas-. En este sentido, la mayor parte de Norteamérica miraba con recelo a los artistas de vanguardia, sin embargo aceptaba la pintura de un loco como Salvador Dalí, colorista, figurativa, y lo bastante inocua en cuanto a implicaciones políticas como para ser aceptada en los circuitos artísticos comerciales. Innegablemente, contar con un baluarte como Dalí, facilitó el camino a los surrealistas en el mercado norteamericano.
3. XR: ¿Cómo valoras su expulsión del grupo? JC: Me parece que liberó a Dalí del yugo de Breton y a Breton del peso de Gala. Puede parecer una afirmación atrevida, pero la estructura que Breton edificó y mantuvo hasta su muerte, necesitaba de un líder único y firme, y Gala, en su situación de poder sobre Dalí, podía desequilibrar ese liderazgo de algún modo. En cualquier caso, si nos atenemos a lo pictórico, la obra de Dalí era ya lo bastante interesante y autónoma como para no necesitar cobertura de un grupo que refrendarse a su trabajo.




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